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Después
de la muerte de su padre, Kale se convierte en un chico silencioso, huraño,
retraído y perturbado hasta el punto de que el juez ordena su arresto
domiciliario. Su madre Julie trabaja día y noche para mantener
la casa, pero su único agradecimiento es la indiferencia y el letargo.
Las paredes de la casa empiezan a oprimir a Kale, que acaba convirtiéndose
en mirón a medida que empiezan a interesarle los pequeños
acontecimientos que puede seguir desde las ventanas de su casa de la periferia.
Sospecha que uno de sus vecinos es un asesino en serie. ¿Será
verdad o son imaginaciones creadas por su encierro forzoso?
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